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Dos hermanos, deseosos de escapar de la agitada rutina de la vida urbana, encontraron en una masía la oportunidad perfecta para conectar con la naturaleza y la tranquilidad del campo. Ubicada en el corazón del Alt Empordà, esta construcción, típica de Cataluña y algunas partes de Francia, había perdido su esencia original debido a una reforma anterior que no respetaba su arquitectura tradicional. Decididos a devolverle todo su encanto, se embarcaron en un ambicioso proyecto de rehabilitación con la ayuda de las interioristas del Estudio Marina & Co.
La masía, a simple vista, tenía un exterior que cumplía con todos los requisitos que definen a estas casonas rurales. Las paredes de piedra, los techos altos y su sólida estructura eran características clásicas que aún se mantenían en pie, pero una vez dentro, la historia cambiaba completamente. La reforma previa había transformado la esencia rústica del lugar, dándole un aire demasiado moderno que no encajaba con el concepto de una masía tradicional.
Las interioristas Marina y Laia Reguant, responsables de la transformación, nos explican: «El interior de la casa no tenía sentido. Las vigas originales habían sido sustituidas por estructuras metálicas oscuras que no aportaban calidez. Las paredes, pintadas en colores llamativos, contrastaban de manera chocante con el espíritu rústico del lugar. El suelo porcelánico, aunque práctico, resultaba frío y carente de la conexión con la tierra que caracteriza a estas viviendas. La cocina, además, parecía propia de un apartamento en la ciudad, completamente desubicada en el contexto de una masía rural».
Los hermanos propietarios de la masía tenían claro desde el principio que querían recuperar la esencia auténtica del lugar, devolviéndole su alma rústica. Para lograrlo, decidieron confiar en las manos expertas de Marina y Laia, quienes se han especializado en este tipo de proyectos de rehabilitación. «El desafío principal era encontrar el equilibrio entre funcionalidad moderna y respeto por la tradición arquitectónica de la masía», comenta Marina.
El primer paso fue eliminar los elementos más discordantes. Las vigas metálicas fueron reemplazadas por estructuras de madera recuperada, que no solo aportan calidez y textura, sino que también respetan la arquitectura original de la casa. «Una de nuestras prioridades era devolverle a la masía su autenticidad», explica Laia. «Queríamos que al entrar, se sintiera esa conexión con la naturaleza y con la historia del lugar».
Las paredes se repintaron en tonos más suaves y naturales, buscando crear un ambiente acogedor y en armonía con el entorno. «El blanco roto y los tonos tierra fueron los elegidos para dar la sensación de luminosidad sin perder el carácter rústico», comenta Marina. Además, se trabajó mucho en la textura de las paredes para que recuperaran su aspecto envejecido, típico de las masías antiguas.
En cuanto al suelo, se optó por un cambio radical. El porcelánico moderno fue reemplazado por pavimento de barro cocido, una opción que no solo aporta calidez visual, sino que también es mucho más acorde con el estilo rústico. «El suelo de barro cocido tiene la ventaja de envejecer muy bien y con el tiempo adquiere un carácter único», explican las interioristas. Este material, además, se siente mucho más cálido al tacto, invitando a caminar descalzo y a disfrutar de la sensación de estar conectado con la tierra.
La cocina también se sometió a una transformación importante. Se eliminó la estética urbana y moderna para dar paso a un diseño mucho más rústico y funcional. «Queríamos que la cocina fuera el corazón de la casa, un lugar donde los propietarios pudieran disfrutar de la cocina tradicional, de largas conversaciones y de la compañía de amigos y familiares», cuenta Marina. Se incorporaron elementos como una gran mesa de madera maciza, azulejos artesanales y muebles de madera envejecida, que aportan carácter y autenticidad.
Sin embargo, no todo fue una vuelta al pasado. Las interioristas también introdujeron algunos elementos modernos de manera sutil y respetuosa. «El objetivo era mantener la funcionalidad de una casa moderna sin que esto rompiera con la estética de la masía», explica Laia. Se integraron electrodomésticos de última tecnología en la cocina, pero siempre buscando que quedaran lo más ocultos posible. Del mismo modo, se instalaron sistemas de calefacción y climatización que garantizan el confort de los propietarios sin afectar el diseño tradicional.
Uno de los mayores atractivos de las masías es la posibilidad de disfrutar de sus amplios espacios exteriores, especialmente en climas como el mediterráneo, donde los meses de sol son largos y el buen tiempo permite pasar mucho tiempo al aire libre. En este sentido, el porche de la casa se convirtió en uno de los puntos clave de la reforma. Se diseñó un acogedor salón exterior protegido del sol por una pérgola de cañizo, que permite que la luz se filtre de manera suave y cree un juego de sombras a lo largo del día. «El porche es un espacio para relajarse, leer o simplemente disfrutar del paisaje», comenta Laia.
La vegetación que rodea la masía también juega un papel importante en la creación de una atmósfera acogedora y natural. Un limonero, situado cerca del porche, perfuma el aire con su característico aroma, mientras que una buganvilla trepa por las paredes de piedra, añadiendo un toque de color vibrante al paisaje. «Queríamos que el jardín fuera una extensión natural de la casa, un lugar donde los propietarios pudieran desconectar y disfrutar de la belleza de la naturaleza», explica Marina.
La masía, tras la reforma, ha recuperado todo su encanto y esencia. Los nuevos propietarios pueden ahora disfrutar de un hogar que respeta la tradición, pero que a la vez les ofrece todas las comodidades modernas. «La clave de esta reforma fue encontrar el equilibrio entre lo antiguo y lo nuevo», concluyen Marina y Laia, orgullosas del resultado final. «Esta masía ha vuelto a ser lo que siempre debió ser: un refugio en el que el tiempo parece detenerse, donde se respira paz y donde cada rincón cuenta una historia».
En resumen, el proyecto de rehabilitación no solo recuperó la estética rústica y auténtica de la masía, sino que también la transformó en un lugar funcional, cálido y acogedor, perfecto para disfrutar de la tranquilidad del campo y del buen clima mediterráneo. Una reforma que demuestra que es posible modernizar sin perder el alma de una construcción histórica.
















